Libia Arango de Sinisterra, una educadora que dejó huella

Rosa María Agudelo Ayerbe

Libia Arango de Sinisterra es un nombre que está en mi memoria hace 45 años. Su jardín infantil hace parte de mis lejanas y gratas experiencias. Llegaba feliz, esperando cada día nuevas aventuras. Ella siempre nos recibía en la puerta con un abrazo y una sonrisa. Nos hacía sentir únicos, diferentes y excelentes. Capaces de emprender cualquier actividad, con resultados que ella siempre alababa. Llegué al jardín infantil cuando cumplí 5 años. Tuve el privilegio de ser de aquellas generaciones que pasó su infancia en la casa al cuidado de mi mamá, sin la presión de la “estimulación temprana”.

Ese primer año de vida escolar fue una agradable transición que logró que toda mi vida viera con placer madrugar al colegio, a la universidad o al trabajo. En sus salones aireados, muy al aire libre, descubrí actividades que me gustaban y que aún acompañan mis momentos de ocio. Todavía me acuerdo de mi grado del Kínder, con birrete y diploma. Creo que fue la primera vez que disfruté ser “primera” en algo, fue tan fácil y divertido que por el resto de mi vida nada de lo que he emprendido ha sido un sacrificio, solo un desafío.

Eran épocas de menos métodos, menos test, menos evaluaciones psicotécnicas y más amor, motivación y entrega…
A través de ella, sintiendo su partida, sea esta una oportunidad para rendirles un homenaje a todos los maestros que en nuestra infancia nos abren las puertas al mundo del conocimiento, de la exploración y desarrollo de nuestras habilidades. Nuestra sociedad no puede seguir subestimando el valor de los profesores, son quienes nos hacen ser lo que somos. Un legado inmenso.

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