Podría pensarse que el título de esta nota es uno de los escenarios por los que muchos condenamos la ideología de izquierda. Y sí, lo es; sin embargo, no es “uno de tantos” sino el definitivo.
Los simpatizantes del socialismo del siglo XXI congenian con la tesis del Foro de Sao Paulo que reza: “El capitalismo, como sistema social, es un fracaso (…) el capitalismo asiste a la exposición de sus miserias.
La concentración de la riqueza es inocultable (…) El capitalismo necesita pobres, cada día más pobres”, palabrejas que pueden llegar a seducir a sectores poblacionales que se han sentido faltos de oportunidades.
Pero afortunadamente existen hechos concretos, medibles e incontrovertibles que demuestran que es justamente la ausencia de una libertad económica acompañada de la presencia de un estado desmedido lo que hace que existan grupos privilegiados que no quieren perder sus prerrogativas.
Por esta razón todos aquellos que no formen parte del selecto grupo gubernamental beneficiado forma la gran masa desventurada.
Hace más de veinte años la Fundación Heritage ha medido el Índice de Libertad Económica en todos los países del mundo y sus conclusiones son categóricas. Sus estudios demuestran que la libertad económica empodera a las personas, es la probada vía hacia la prosperidad, alivia la pobreza y la inseguridad alimentaria, fomenta la protección del medio ambiente, facilita la democratización inclusiva y garantiza la posibilidad de escalar socialmente.
Para la prueba los cinco países de mayor libertad económica: Hong Kong, Singapur, Nueva Zelandia, Suiza y Australia comparados con los tres de menor libertad: Corea del Norte, Cuba y Venezuela.
Como dicen: el hombre no ha de ser de dichos sino de hechos.
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