Ley zanahoria

José David Solís Noguera

El alcalde electo, Maurice Armitage, anunció el desmonte de la ley zanahoria con el fin de estimular el trabajo nocturno y nuevos empleos.

Esta medida ha generado distintas reacciones y aunque entiendo que nuestro alcalde quiera estabilizar y mejorar la economía local de la diversión nocturna, si no se revisan con cuidado las condiciones, puede hacernos retroceder en lo que habíamos ganado sobre el control de los comportamientos de la criminalidad, el delito y la irresponsabilidad de los ciudadanos que no saben ingerir licor.

Extender el horario de rumba de manera permanente le traerá nuevamente no sólo muchos dolores de cabeza a la Policía sino a los vecinos que viven de cerca el ruido y el desorden de los sitios de rumba, y estoy convencido que aumentarán los hurtos, la accidentalidad y la mortalidad por homicidios y violencia.

Aplaudo las buenas intenciones de Armitage, pero le recomiendo recoger investigaciones del pasado que demuestran que muchos de los caleños se vuelven una amenaza ambulante cuando no hay nadie quien los acueste temprano. Las cifras arrojan que Cali es más “segura” con la ley zanahoria.

El alcalde debe escuchar y arroparse de estudios oficiales para que no vaya a equivocarse y dejar a la ciudad en manos no sólo de conductores borrachos sino de quienes aumentan sus conductas violentas cuando mezclan licor, drogas y rumba.

Si el alcalde quiere más horas de alegría en una ciudad que no tiene la cultura de beber, debe comprometer seriamente a los sectores que trabajan alrededor de la rumba. Pensemos en la vida y no en la facturación.

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