Lenguaje y derecho

El derecho constituido, positivo escrito y vigente tiene vida propia, rige e impera, pero se debe al lenguaje que le permite expresarse y comunicar. El derecho como cuerpo de normas compone las instituciones perfiladas por las normas creadoras, las define, conforma y trasforma.

El derecho cruza o atraviesa las tres ramas del poder público porque todas existen por el derecho creado o inventado por alguien o algunos que gozan de la representación popular, un constructo teórico constitucional que les permite redactar a nombre de todos. Desde la rama legislativa las leyes que surten un trámite donde muchos participan pero la iniciativa fue de alguien o de pocos; desde la rama ejecutiva, los decretos, para crear actos administrativos y ejecutar políticas públicas; y desde la rama judicial el derecho interpretado para resolver conflictos interpartes. Las tres ramas funcionan por el estado de derecho vigente y cambiante, hoy estado constitucional: pero todo ese cúmulo de normas que conforman el derecho no sería posible sin el lenguaje. El derecho no es una institución que se visualice como el mismo Congreso de la República, tampoco es un poder constituido como éste. Pero todas las instituciones que forman la institucionalidad no serían posible sin el derecho que las cohesiona con una arquitectura jurídica que les da vida. Y el derecho le debe al lenguaje la posibilidad de darles armazón y forma.

Sin el derecho no se concebiría la convivencia en las sociedades modernas aglomeradas en las grandes ciudades, pueblos y campos; pero la violación del derecho lleva al desorden y a la violencia. El lenguaje natural le presta al derecho las palabras o el derecho las toma de él. ¿Por qué algunas naciones funcionan y respetan el derecho y en otras es mero formalismo, el derecho rige pero no es eficaz?

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