Me resulta inconcebible que tanta gente educada con conocimientos profundos en ciencias sociales o de comportamiento humano desde la sociología, psiquiatría hasta comunicaciones, tenga una lectura tan apocalíptica del resultado del plebiscito y peor aún hayan construido justificaciones a partir de elementos y personas sobrevaloradas.
¿Será que nunca escucharon las desacertadas y belicosas declaraciones de Márquez, las sobredimensionadas frases de Timochenko, el escaso arrepentimiento de Romaña o el cinismo extremo en las frases de Santrich?
Concederle a Uribe, Cabal, Trujillo, Zuluaga y al exprocurador Ordóñez el triunfo del No, porque eran los únicos sujetos visibles que lo promocionaban, es desconocer los sentimientos de la clase media rural y urbana del país.
El verdadero coco aquí han sido y serán por siempre las Farc, nadie cree en sus palabras, excepto el grupo de intelectuales que estaban dispuestos a sacrificar la Constitución por el compromiso de paz y un buen sinnúmero de ciudadanos que confían en todos estos expertos del conflicto más extenso del continente.
La fractura de la Constitución y de la institucionalidad tras el idealismo de alcanzar la paz, habría sido el mayor de los desaciertos y la herramienta para ello está reseñada con la formación del tribunal para la paz, el cual es la instancia de cierre (art. 46) para todos los comportamientos contrarios al proceso, pero sin control de las cortes encargadas, asunto que reviste un desmantelamiento del orden constitucional.
Reflexionemos, este tropiezo retrasa la solución al derramamiento de sangre absurdo, pero en esta polarización también evita a futuro otra guerra sucia en donde tendríamos el asesinato de muchos colombianos en ambos bandos.
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