Implementan la asignatura “Lectura crítica” y con ella ensayan nuevas estrategias pedagógicas tendientes a contrarrestar los titulares que repican sobre el asunto, cada vez que se publican los resultados de las pruebas Saber: “Estudiantes rajados en lectura”, “En Colombia apenas leen un 1,9 libro anual”, “Ocupamos el penúltimo lugar entre 80 países”, “Los universitarios no comprenden lo que leen, ni saben escribir”.
Problema suficientemente sobre diagnosticado: más del 65% de los estudiantes no alcanza el nivel mínimo en comprensión lectora. Pero hay otros indicadores en relación con la lectura a través de computadoras: se pasó del 5% al 11% en sólo 5 años de acceso popular. ¿Acaso tales cifras esperanzadoras corresponden a encuestas aplicadas entre quienes leen clásicos de la literatura, la ciencia y la historia subidos a la red? O al contrario, ¿resultaron de muestreos tomados entre quienes chatean frivolidades cotidianas, revisan titulares de noticias breves o como ocio buscan notas de humor?
Lo cierto es que ya perdieron vigencia las estrategias pedagógicas que en otrora le sirvieron a la escuela para cumplir la misión de educar niños de otras costumbres familiares, estudiantes obedientes y sin opciones tecnológicas.
Hoy, los docentes, formados en las transiciones culturales, desde el libro impreso a la pantalla y a la comunicación digital, enseñan a estudiantes que nacieron inmersos en la realidad virtual, desmotivados por la comunicación escrita y el libro. Dos realidades que deben concertar unas nuevas pedagogías para poder hablar de una lectura crítica, más que reñir en los procesos educativos. Recordemos que el discurso dominante y el castigo hace rato que fueron relevados de la educación.
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