Una creencia popular muy aceptada establecía que las tesorerías públicas jamás entrarían en situaciones de insolvencia con cesación de pagos.
A finales de la década de los noventa en Colombia muchos entes territoriales experimentaron con mediana intensidad este problema, viéndose obligados a refinanciar sus deudas y pactar nuevos plazos con el sistema financiero. Para ello se establecieron medidas que en algunos casos resultaron severas, como en Cali, que debió entregar a la banca hasta este año un gran porcentaje de sus recursos fiscales, obtenidos de la recaudación de impuestos. Aunque fue un asunto complejo no llegó a generar una situación de insolvencia total, permitiendo cumplir con los gastos y quedando algo para inversión.
En cambio desde el 2009 Grecia, España, Irlanda y Portugal experimentaron una atroz limitación de recursos para nuevas inversiones, gasto social e inclusive pago de intereses de la deuda. Siendo el caso griego el de mayor severidad, de tal forma que el fisco debió financiarse con mucho dinero para solo abonar intereses y deuda de corto plazo, dejando a la hacienda pública en una situación de total precariedad. Esto conllevó a una eliminación del estado de bienestar europeo para el pueblo heleno, como consecuencia de que no hay gran industria y uno de cada cinco griegos labora para el estado.
Ante la realidad de esta imagen, se hace necesario supervisar continuamente los niveles de endeudamiento externo en países como el nuestro, más ahora cuando el petróleo bajó y debe venir un gran gasto social en consecuencia de la firma de los acuerdos de paz. Con un total de deuda que asciende al 25.3% del PIB, hay que continuar auditando el endeudamiento internacional del país y el manejo fiscal.
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