Los guerrilleros de las Farc, a tono con lo que está sucediendo en Colombia, decidieron sumarse a la movilización nacional convocando al país, en especial a los sectores que han decidido defender el proceso de paz y los acuerdos de La Habana desde las plazas públicas y la calle, a la realización de vigilias por la paz en sus zonas de concentración el pasado fin de semana. A esta propuesta respondieron miles de personas –campesinos, estudiantes, indígenas, mujeres, afrodescendientes y muchas más-.
El ambiente que se vivió fue de optimismo y festejo. Los asistentes celebraban que esas montañas, testimonio mudo de mil batallas, hoy conforman las fortalezas naturales de la paz en ebullición. Pude constatar la decisión sin reticencias e ineluctable de los guerrilleros a favor de la paz de Colombia. Sus mandos dando declaraciones con sus rostros descubiertos y empeñando su palabra; en su militancia no hay asomo de la arrogancia que una vez nos irritó, hoy son una expresión política a espera del veredicto nacional, para salir a defender con su humanidad los ideales que les han movido.
Las Farc no son ya los enemigos de Colombia, hacen parte de la realidad que debemos transformar, están dispuestos a ser aliados en este proceso de transformación y unidad nacional, si así no lo reconocemos, habrá guerra para largo, así depongan y dejen sus armas, vendrán otros a empuñarlas.
La virtud de este proceso es además su importancia simbólica, en el sentido que si con las Farc se pudo, la guerra perderá para siempre su valor político y será un golpe de muerte a los proyectos armados.
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