Las venas abiertas de Colombia

Desafortunadamente en Colombia tragamos entero porque no nos preocupamos por mirar más allá de la nariz o por investigar y analizar qué es lo que realmente sucede en el país con nuestra economía y con la situación social que agobia gran parte de nuestro territorio.

Muchas cosas nos duelen. Tiene uno la ilusión de vivir en un país maravilloso. Tenemos todos los elementos para ello pero, algunos ingredientes malsanos, empezando por la galopante corrupción que nos carcome, no permiten que eso ocurra. A algunos nos toca poner el dedo en la llaga

Lo que sucede en Yopal (Casanare) no es cualquier cosa. No es justo que a estas alturas de la vida 70 mil compatriotas sufran por falta de agua, porque no tienen acueducto.

Hace 3 años se gastaron 11 mil millones de pesos en estudios para ese objetivo pero se robaron ese presupuesto. La gente protesta y entonces les prometen solucionarles el problema.

Los calman provisionalmente. Todos sabemos que la falta del agua es motivo de rabia y, por ende, de violencia.

La crisis humanitaria del Chocó también es un hecho triste. No hay razón para tanto sufrimiento. Los gobiernos de turno esperan que esa bomba de tiempo explote para actuar. Similar situación sucede en el Putumayo.

Mejor dicho, dejemos ahí, pues la mala sangre hace mucho daño.

Lo cierto es que ese modelo que se ha venido proponiendo al país, uno de Economía Social de Mercado, “es justamente el logro de la paz social que no es nada distinto que el resultado de un conjunto de estrategias y políticas sectoriales y sociales.”

Infortunadamente, la verdadera “paz social” es imposible lograrla con los estándares de inequidad que nos ronda y la imposibilidad de acceder a todos.

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