Es preocupante oír tantas voces autorizadas, de expertos en diversas materias, decir que el POT tal como está concebido no brinda las herramientas que garanticen la sostenibilidad social, económica, ambiental y funcional de Cali. El POT es la carta de navegación de la ciudad para 12 años, el conjunto de normas que regirán su desarrollo. De manera jocosa pero muy gráfica, Miguel Charry, presidente de la Sociedad de Ingenieros, planteó que en la última década Cali no había crecido sino que se había hinchado debido a los errores del POT aprobado en el 2002. El nuevo POT debe plantear un modelo de ciudad acorde a las presiones urbanas modernas y que garantice las condiciones para generar una Cali competitiva, atractiva a la inversión, con capacidad de generar nuevos empleos y que brinde una buena calidad de vida. En ese sentido, los planteamientos de Camacol también son alarmantes. Este gremio lanzó una alerta sobre el impacto que el POT tendría en el costo de la tierra, elevando el valor de las viviendas, desestimulando la construcción y por ende afectando la generación de empleo. Igualmente, muchas voces se han pronunciado sobre la necesidad de reglamentar adecuadamente la construcción en los cerros generando condiciones para su urbanización legal, cerrando el paso a nuevas invasiones e implementando todos los planes de mitigación de riesgo que la ingeniería moderna posibilita. En el 2002, con consecuencias nefastas para la ciudad, primó el ejercicio político y la visión de burócratas mal preparados en la estructuración, la discusión y aprobación del proyecto. La administración de Rodrigo Guerrero tiene verdaderamente el futuro de la ciudad en sus manos. La ciudad confía en que su equipo, considerado altamente calificado, resuelva las dudas que se han planteado. El futuro de Cali está en el POT, no podemos darnos el lujo de equivocarnos.
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