Las armas

Fabio Cardozo

Junto al tema de la justicia, del que me he venido refiriendo, el asunto de las armas comporta una gran atención.

La discusión se ha centrado en el anuncio de la guerrilla de hacer dejación y no entrega de las armas, generando  reacciones que alertan al país sobre el riesgo y la amenaza de hacer política en armas, intimidación que podría conducir a un nuevo ciclo de violencia.

Es preciso recordar que en los años noventa los acuerdos de paz, exitosamente pactados se construyeron sobre la base de una apertura política y la dejación de las armas, no hubo entrega ni tanta alharaca, sus armas fueron fundidas, arrojadas al mar. Hoy podría pensarse además, en ser entregadas a un país amigo o hacer con ellas un monumento a la paz. En todo caso, la guerrilla no va a entregarle sus armas al Estado colombiano, que no fue capaz de vencerle y que en su apuesta total por liquidarles cometió actos de barbarie similares a los cometidos por su encarnizado adversario.

Las armas son meros “fierros” que para causar daño necesitan de la voluntad política o criminal. Un fusil galil puede servir para cuidar las fronteras de la Nación, para ejecutar un secuestro o un falso positivo.

Lo importante es, entonces, que exista la decisión política de las Farc reflejada en los acuerdos de decirle adiós a las armas y ser conscientes que lo único que puede salvar la validez histórica de su proyecto es la política, mientras que las armas, por el contrario, constituyen hoy su reducción y condena al ostracismo.

Esta es una discusión orientada maliciosamente con la innoble intención de generar confusión y rechazo en la opinión pública. La Colombia del posconflicto deberá ser una nación desarmada.

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