Rosa María Agudelo

La versión de Santos

Rosa María Agudelo Ayerbe

Es inaceptable que el presidente Juan Manuel Santos siga afirmando en todos los escenarios posibles que el triunfo del No en las urnas se debió a la campaña de desinformación y de engaños de quienes promovieron esta tendencia.

Esta posición se entiende dentro de nuestra parroquia, pues es comprensible de un presidente que pierde unas elecciones, a pesar de poner al servicio de la campaña todo el andamiaje estatal. Pero una cosa es que hable un presidente con baja popularidad para sus compatriotas y otra un premio Nobel de Paz para la comunidad internacional frente al parlamento inglés.

En nuestro país no podemos seguir en esta fiesta de mentiras y de verdades a medias. En campaña escuché muchas personas que defendieron el No con argumentos y preocupaciones válidas sobre la justicia, el narcotráfico, la elegibilidad de los jefes guerrilleros, las ventajas del nuevo partido político, entre otras.

Por supuesto, también oí tésis descabelladas, miedos infundados y cuentos de hadas de los promotores del Sí.

Sin duda, el problema de nuestro país es que no hemos construido una ciudadanía consiente y reflexiva que se preocupe por tomar las decisiones de manera informada.  Eso no le conviene a los que ostentan el poder aunque puedan convertirse en víctimas de su propio engendro.

Tampoco me parece sano para la democracia que el presidente minimice la importancia de los resultados enfatizando en el estrecho margen. En nuestro sistema los resultados no dependen de la diferencia en votos. Un triunfo en las urnas se logra hasta con un sufragio. La versión distorsionada de Santos profundiza la polarización del país, una actitud nada noble de un Nobel.

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