Daba así inicio la serie Star Trek, con la frase: “¡La última frontera!”. Recordé la expresión después de conocer la noticia del fallecimiento de Leonard Nimoy, el actor que interpretó al doctor Spock, primer oficial de la nave USS Enterprise y personaje que por su condición mitad humana y mitad extraterrestre equilibraba lo lógico racional con lo intuitivo emocional.
Spock, dotado de un par de orejas puntiagudas, me inspiró a escribir una columna hace ya años, una nota editorial que Pedro José Barreto -el poeta notario de la Notaria Segunda de Cali- mandó a imprimir en gran formato y colgar en su despacho.
¡Qué honor! Dio la casualidad que el mismo día en que ocurrió el deceso del actor me enteré de que en el 2017 ya no será imposible efectuar la primera operación de trasplante de cabeza humana. Entonces fue cuando la frase “La última frontera” irrumpió como si se tratase de la suma de uno más uno.
Y aunque la alusión a la “Última frontera” de Star Trek es el espacio estelar, lo del trasplante de cabeza planeado en un par de años puede significar el encuentro –más no la conquista- de nuevos mundos dantescos.
Posiblemente el investigador italiano que lidera el “reto” del trasplante no tenga nada en común con los doctores Frankestein o Moreau, pero su desafío genera escalofrío. Tal vez si lo llamáramos trasplante de cuerpo y no de cabeza me inquietaría menos. ¿Será que este trasplante salvará la última frontera en lo que respecta al misterio de la naturaleza humana?
Fue Spock justamente quien parafraseando a Arthur Conan Doyle nos advirtió: “Si eliminamos lo imposible, lo que quede, por improbable que parezca, será la solución”.
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