Luis Ángel Muñoz Zúñiga

La tristeza del librovejero

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Quienes merodeamos las librerías de segunda en busca de ejemplares incunables, sí podemos entender la tristeza que embarga al coleccionista a quien le robaron el que estimaba su mayor tesoro.

Así mismo, podemos hallarle  analogías con las historias narradas en la novela. La noticia del robo de un ejemplar de Cien años de soledad,  primera edición, mayo de 1967, autografiado y con dedicatoria, revela el realismo mágico de nuestra realidad nacional.

“Para Álvaro Castillo, el librovejero, como ayer y como siempre. Su amigo, Gabriel García Márquez”, es la dedicatoria en la portada, con valor afectivo exclusivo para el dueño. No sabemos a ciencia cierta, si la sustracción del ejemplar del pabellón Macondo en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, se trató de un hecho de cleptomanía de un anónimo intelectual cuya gabofilia es más fuerte que su ética o, de un  caso punible, de un frustrado ladrón de arte a quien le dieron papaya de cometer fácil su fechoría, que  da escalafón igual que vender un cuadro famoso.

Además de considerarlo “lunar de la feria”, como lo calificó la ministra de Cultura, Mariana Garcés, son macondianas las declaraciones del vicefiscal Juan Vicente Valbuena: “más que el tema de la cuantía de la obra, se trata del hecho que es de carácter cultural e histórico del país, por eso la ley para este tipo de comportamientos tiene unas penas más graves que si se tratara de cualquier tipo de libro. Las penas podrían oscilar entre 6 y 20 años de prisión”.

Sus declaraciones me recordaron los bandos que emitía y leía Arcadio, cuando su tío, el coronel Aureliano Buendía, le encargó a Macondo, mientras él marchaba para la guerra.

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