La tercería

El martes anterior se realizó en Bogotá el lanzamiento de la reelección presidencial de Juan Manuel Santos, a través de un acto social de su fundación “Buen gobierno”.

Estuvo presente la crema y nata del poderío nacional. Le faltó pueblo al evento. Eso sí, se notó la ausencia de jefes reconocidos de la “unidad nacional”, molestos con Germán Vargas Lleras, director de la campaña reeleccionista, a quien acusan de oportunismo político por aprovecharse, supuestamente, de la confianza brindada por el Presidente para fortalecer a “Cambio Radical” y por andar entregando primeras piedras de viviendas gratuitas sin ser funcionario gubernamental.

Desde ya se notan grietas que de alguna manera perturban la reelección santista.

Lo cierto es que esa reelección no será fácil. La gente ha percibido que Santos se molesta cuando le tocan sus amigos pero no consigue resolver los problemas.

Muchos le critican que haya ofrecido 100 mil viviendas gratis pero no se preocupa en detener el crecimiento de déficit habitacional que sobrepasa los dos millones.

Acepta, por cálculo electoral, que los campesinos reclamen la tierra que les quitaron pero mira para otro lado cuando empresarios se apoderan de tierras baldías.

Trata de corregir con recetas neoliberales la inequidad social. Ese cuento de que los problemas de la Nación fueron causados por gobiernos anteriores le ha hecho daño, pues sabido es que él ha sido parte de esos gobiernos en calidad de ministro. Lo cierto es que al presidente todo el mundo le tomó el pulso y le descubrieron sus puntos débiles.

Es hombre de reacciones tardías, y a cual más piensa que eso no le conviene a Colombia. Por eso, ese rumor de la tercería es real. ¿Quién puede ser? Ahí está el dilema. Muchos dicen que cualquiera, hasta Petro, menos Santos y mucho menos su primo, también Santos.

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