“La sucursal del cine”, reza el eslogan que promociona el VI Festival internacional de Cine de Cali, expresando la pretensión de posicionar a nuestra ciudad con sus producciones cinematográficas y la cinefilia de los caleños. “Cali es la sucursal del cielo” era el eslogan original que oíamos durante décadas y que ahora parodian con el análogo del festival, como quien dice, cielo igual cine. Esto se cumple en los días del rito internacional que reúne a los profetas con sus mejores creaciones y a los devotos espectadores ansiosos de las ficciones.
Pero en tiempos de no recogimiento celestial, cuando se exhiben las producciones colombianas en días ordinarios, vemos salas casi vacías.
En otrora, cuando todavía no había festivales, una película colombiana duraba varias semanas en simultánea nacional.
Es una paradoja que hoy en la sucursal del cine haya salas casi vacías, mientras nuestros filmes agotan boletería en las carteleras europeas.
Cali, la sucursal del cine, padece de una cinefilia ingrata con lo nacional y que no valora el empeño quijotesco de sus cineastas, quienes por el cine arriesgan sus propios patrimonios familiares. Sucedió con Tierra en la lengua, de Rubén Mendoza (Mejor largometraje de ficción en el Festival de Cartagena 2014 y selección oficial en Pesaro -Italia- y en Chicago); Mateo, de María Gamboa, (con menciones en Miami, Lima y Paraná), y Los hongos, de Óscar RuIz Navia, (con estímulos de producción en Cannes y Buenos Aires).
Apologías para el VI Festival Internacional porque hace pedagogía de cine, promociona las producciones colombianas y contrarresta la cinefilia ingrata de los caleños.
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