Después de un fin de semana con 21 homicidios la ciudad (su gente) se ve obligada a reflexionar sobre el valor de la vida, se pregunta sobre las medidas que se deben tomar para protegerla y surgen múltiples voces que claman por el desarme.
La situación no es nueva, este año muestra una tendencia absurda: será el con mayor número de muertes violentas en los últimos 15 años.
Pedir con urgencia la suspensión del porte legal de armas es una medida de choque necesaria pero coyuntural que no solucionará el problema real: el tejido social de Cali está en crisis, la vida no tiene valor, las controversias se solucionan eliminando al otro, matar se convirtió en un vehículo de generación de ingresos permitido por la sociedad.
Los homicidios no son el problema, son expresión del problema: bajo nivel de escolaridad, alto desempleo (Cali 15,7% frente a un 10,5% a nivel nacional) y la casi nula inversión y ejecución pública en programas estratégicos para los sectores vulnerables.
La ejecución presupuestal para TIOS en la Secretaría de Bienestar a 70 días de finalizar 2013 solo es del 26,3%.
No hay soluciones mágicas, las medidas de choque son necesarias pero no suficientes, estamos en mora de liderazgos que promuevan soluciones estructurales, urge transversalidad en la Alcaldía de Cali.
El Alcalde debe dar los lineamientos para que todas las secretarías trabajen de la mano, no individualmente; es momento para que el Alcalde ejerza el liderazgo y experiencia social por la que lo elegimos, que oriente las dependencias y toda la clase política por un propósito común: una Cali humana, próspera, con equidad y justicia social, en la que la vida sea el valor supremo, donde sea un tabú el asesinato.
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