Ayer fui testigo de una de las reuniones más maravillosas a las que he asistido en mi vida. El escenario fue Siloé; los asistentes: jóvenes, líderes del sector y empresarios de la región.
El objetivo, conversar sobre proyectos que contribuyan al desarrollo de la comunidad. Llegué al bloqueo de La Na-Be, abreviatura de La Nave y Belén, en los momentos más álgidos del paro. Allí conocí a los jóvenes de la primera línea cuando todavía usaban capuchas.
No me equivoqué cuando en sus ojos lo que veía era deseos de cambio. Durante estos tres meses he conversado mucho con ellos, he escuchado sus historias y he podido descubrir que tenemos sueños en común.
El sueño de construir una sociedad capaz de hacer las cosas bien y sobre todo de vencer la corrupción para sacar proyectos adelante. Con el transcurrir de los días, afortunadamente, amigos con capacidad de gestión, vinculados a Compromiso Valle, me acompañaron en esas caminatas y también se dieron la oportunidad de escuchar y conocer.
En la reunión de ayer éramos 20 personas diversas en todo sentido: mujeres, hombres, jóvenes, mayores, blancos, negros, mestizos, indígenas, raizales, desplazados, con dinero, desempleados, con posgrados, sin estudios, caleños, americanos.
¿Qué teníamos en común Paradójicamente, que a todos la pandemia y el paro nos cambió la forma de ver la vida. Esos oscuros días nos hicieron redescubrir la importancia de la solidaridad y encontrar en la cooperación el camino para hacer pequeñas grandes cosas. Ayer caminamos, charlamos, soñamos, planeamos, nos acercamos, avanzamos en la construcción de confianza. Después de solo tres meses tenemos ilusiones y proyectos compartidos que sacaremos adelante con las ideas, el trabajo, el aporte y el apoyo de todos…
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