Debo celebrar que el alcalde Jorge Iván Ospina haya decidido, con el acertado nombramiento de Carlos Rojas en la Secretaría de Seguridad, concederle a este tema un status de la mayor importancia. El Secretario de Seguridad es un experimentado funcionario público, con sólida formación académica. Trabajé con él cuando fui Secretario de Gobierno. La misión de Rojas es muy concreta: ponerle la cara a la encrucijada en que Villamizar, su antecesor, dejó sumida a la ciudad, cuando hizo de la seguridad un show.
El alcalde Ospina tiene una deuda en materia de seguridad con la ciudad, pues en su primera administración los homicidios llegaron a la cifra escalofriante de 1.885, incrementándose en 412 muertes, con relación al año 2008. Nuestro alcalde ha asumido con seriedad este desafío y él mismo lidera los análisis y consejos de seguridad, marcando las características de la coyuntura y proponiendo inteligentes estrategias.
En sociedades criminales como las que vivimos, el homicidio se ha convertido en un evento político que deslegitima los éxitos de las otras variables de la gestión pública, haciendo mucho más compleja la circunstancia de la inseguridad. Este contexto está ligado a una singular etapa de expansión del narcotráfico, que bajo los códigos del crimen organizado está desafiando el control territorial de la ciudad y sus corredores estratégicos con Buenaventura y el sur del Valle.
Es por esta razón que la opinión pública le exige a su Secretario de Seguridad mucha seriedad en sus propuestas, pues ante un alza del 11% en el homicidio, no puede salir con propuestas ilusas, que como el intercambio de armas, nos llenan de inquietud. Lo menos que queremos es que se repita la pantomima de Andrés Villamizar.
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