Hugo E. Gamboa Cabrera

La sal se corrompió

Hugo E. Gamboa Cabrera

En el gobierno de Andrés Pastrana desaparecieron los famosos “auxilios parlamentarios”, lo que causó mucha desazón entre los congresistas, pero se les apareció el “ángel de la guarda”-Juan Manuel Santos-a la sazón ministro de Hacienda, con la idea de cambiarle el nombre por cupos indicativos, que es lo que funciona aún.

Es decir, la corrupción cambió de nombre pero no de estrategia. Lo que pasa es que hoy está peor. Y todo por comprar conciencias a cambio del fast track o de la aprobación de normas o leyes acomodadas al criterio de unos pocos. O de utilizar a las altas cortes para lograr fallos espurios a cambio de embajadas o consulados y a grandes medios de comunicación para torcer la información y el análisis gracias a grandes sumas de dinero del presupuesto nacional. Los colombianos sospechamos que la corrupción siempre ha existido. Lo que sucedió es que en los últimos meses ese flagelo se dise-minó abruptamente.

Pero también es lamentable que los altos magistrados de la Corte Suprema y de la Judicatura tengan en sus manos el poder electoral de escoger los máximos funcionarios de los organismos de control y a magistrados de las otras Cortes. Ese es un sistema perverso. Un carrusel de nunca acabar. Y lo más grave es que sea Estados Unidos el que haya descubierto estas penosas corruptelas y nos envíen las pruebas contundentes para que acá actúen, de lo que dudamos, especialmente de esa Comisión de “acusaciones”, dueña del Consejo Electoral, otro esperpento que nos causa dolor y vergüenza. Que más nos correrá pierna arriba.

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