No sé qué le ha hecho más daño a la política: o la falta de partidos o la desaparición del agitador de ideas.
Estos puntos marcan un escenario de confusión de cara a las elecciones presidenciales.
Por un lado, el proyecto de las aristocracias bogotanas de eternizarse en el poder a través de la reelección santista y las propuestas tecnocráticas del nada verde candidato Peñalosa.
Por el otro, una opción variopinta a la que concurren Marta Lucía Ramírez, Clara López y Óscar Iván Zuluaga, estos tres últimos representan a todos los matices, de izquierda, la derecha y del Centro Democrático.
De ellos guardo cercanos o ligeros recuerdos, despojados de cualquier cercanía política. Sin embargo, sin proponérmelo me encontré de casualidad en CNN una entrevista que le hiciera Cala a Óscar Iván Zuluaga.
Mi sorpresa fue aumentando en la medida en que descubría paulatinamente un candidato con un proyecto político serio y realizable, tratando de marcar una ruta que lo independice de la relación simbiótica con el expresidente Uribe, que no es otra cosa, si no definir los tiempos y las distancias, el pasado y el futuro.
Es en este sentido con el cual Gardeazábal ha mirado con optimismo la ruta de Óscar Iván.
Los presupuestos son claros, independencia y construcción de un liderazgo que no puede avanzar sin que su fórmula vicepresidencial, Carlos Holmes Trujillo, asuma su papel, despojándose de las veleidades heredadas de su paso por la diplomacia.
El protagonismo de Carlos Holmes es requisito para que Óscar Iván construya su ruta y pase a segunda vuelta.
La tarea del Candidato a presidente debe ser encontrar la conexión con los electores, llevándoles su imagen de hombre serio y preparado.
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