Para los “pazólogos” una aclaración: la guerra, así como la construcción de la paz, son asuntos serios. Los sueños de la Paz Perpetua, elaborada por Emanuel Kant, se convirtieron rápidamente en una pesadilla.
Hacer la guerra es tan difícil y complejo como convencerse que después de ella hay que conjurar todos los demonios. Una paz mal hecha es como un mal negocio. Europa lo vivió cuando firmó la Paz de Versalles.
En cosa de pocos años Alemania vencida se rearmó y programó el Holocausto. La posguerra o los posconflictos no son una fiesta poética. Para que el posconflicto no se convierta en una posguerra debe generarse una gran estructura que garantice la seguridad ciudadana y el monopolio de las armas por parte del Estado.
Lo anterior lo ha entendido la gobernadora Dilian Francisca Toro. Desde el 4 de enero inició la construcción de una ruta de seguridad. El punto de partida fue el entendimiento de que había que construir un blindaje para que las ciudades vallecaucanas puedan responder al posconflicto.
Las estrategias han sido claras. La ruta escogida ha sido la realización de varios consejos de seguridad, a partir de un diagnóstico que hiciera en campaña. El punto de su mayor atención ha sido Palmira.
La intervención se inicia con una consigna clara, todas las fuerzas de seguridad del Estado deben ocupar los espacios que el crimen organizado ha arrebatado. Quedaron en itinerario Cartago y Buenaventura.
La gobernadora ha decidido reencontrar el liderazgo perdido en materia de seguridad. Sin shows ha posicionado la seguridad como la columna vertebral del posconflicto en la región vallecaucana.
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