Pese al contundente pronunciamiento del presidente Santos en su campaña de reelección de no aumentar los impuestos en su mandato, se vio precisado a presentar una nueva reforma tributaria que, según lo expresa el Ministro de Hacienda, pretende ser estructural donde el aparato productivo sea más competitivo.
Las razones para esta reforma son varias; el Gobierno generó un gasto público alto, haciendo obras de infraestructura necesarias, pero también en algunas cosas superfluas en las que pudo ahorrar.
La caída internacional de los precios del petróleo trajo una reducción muy importante de los ingresos de la Nación, lo que afectó el flujo de caja del Gobierno, pero además la necesaria inversión social y de infraestructura que se tiene que hacer en la Colombia profunda y olvidada, si se quiere tener éxito en la construcción de equidad en el postconflicto, son estas las principales motivaciones que esgrime el ejecutivo para la reforma.
Sin embargo, la realidad es que nos van a meter la mano al bolsillo, especialmente a la clase media y baja del país, el aumento del IVA al 19% en la mayoría de los artículos de consumo, la baja de la base para el tributo, que hará que muchos asalariados de ingresos medios deban ahora pagar renta, el monotributo a tenderos, la eliminación del impuesto a la riqueza, entre otras medidas, son impopulares y técnicamente regresivas, ya que se bajará el recaudo total por concepto de renta y se incrementará por IVA.
Esperamos que el Congreso analice muy bien este proyecto y no sea aprobado a pupitrazo y que se tomen medidas certeras para evitar la elusión y la evasión.
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