He leído con extrañeza los informes que sobre el uso y la comercialización de la pólvora se hacen por el mes de diciembre en Cali.
Contienen los avisos requeridos para que el compromiso los adultos no genere niños quemados, pero veo ausencia de un plan integral donde la administración se comprometa, a través de un programa preventivo, a informar mediante mensajes duros, expresos y subliminales sobre los peligros que implica el uso de la pólvora en condiciones donde se consuma licor.
Son los adultos quienes en estado de alicoramiento inducen a los niños a la orgía polvorera.
La prohibición de la venta y comercialización de la pólvora en Cali se da a partir de diciembre de 2005, durante la administración de Apolinar Salcedo.
En los años anteriores la ciudad se convertía en un mercado a cielo abierto.
Cali era una aldea medieval, marcada por la irresponsabilidad y sometida a la inercia criminal que comprometía al ciudadano del común y, por supuesto, una extendida corrupción, que cubría, como por encanto, el accionar de la Policía Metropolitana.
Todos como en Fuente Ovejuna, le metían mano a esa bolsa inagotable de las chispitas, los diablitos, los totes y las papeletas.
El año 2005, así muchos sectores de opinión en Cali se nieguen a reconocerlo, al no mencionarlo en sus informes o en sus columnas de opinión, fue el punto de inflexión, el antes y el después.
Yo, como Secretario de Gobierno, con seis meses de anticipación presenté un plan con vídeos y acciones de control que impidieron que los caleños compraran pólvora y que patrocinaran la corrupción en las calles. Así se logró mediante el ejercicio de la autoridad, iniciar el camino al destierro de la comercialización de la pólvora en Cali.
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