En el pasado Mundial de Salsa, durante mi intervención, entrevistado por Sergio Santana, Dario Henao y Rafael Quintero, presenté un plan de intervención para el Barrio Obrero, teniendo en cuenta que este es la tradición de nuestra ciudad en dos escenarios fundamentales de la vida caleña: la música y el fútbol.
El barrio debe recuperar su memoria para señalizar sus calles y lugares fundamentales.
Es así como las calles donde vivieron “Shinola” Aragón, Tino Abadía, Dimas Gómez y el “Pibe” Alex Escobar, deben llevar sus nombres. Al igual que se debe dar nombre a otros cantantes como Tito Cortés, Chepito Giraldo, y poner una placa en la casa de Humberto Corredor, el mejor coleccionista del mundo de la salsa.
En este entorno, Piper Pimienta debe estar en el Barrio Obrero y siempre lo manifesté públicamente, él se crió en el barrio y lo decía con claridad: “Me siento del Obrero”.
Lo del parque Alameda no encajaba por ningún lado y el rechazo de la Junta Comunal no lo comparto porque ellos presumen que honrar a un músico es convertir el lugar en un rumbeadero.
Respecto a la Carta pública firmada por la hija de Piper Pimienta, Katherin Laura Molina Astudillo, ella asevera frases como estas: “grotesco remedo que se hizo”, sin “criterios de selección” y, posteriormente afirma: “La escultura no corresponde con la imagen y la identidad de mi padre”.
Por supuesto, cuestiona la obra de Diego Pombo, quien tiene muchas declaraciones públicas contra la salsa en los debates que se han dado sobre los presupuestos de la Secretaría de Cultura y su bandera siempre ha sido contra la salsa y en favor de su festival, que es privado.
Los caleños determinarán si la obra de Pombo exalta o es caricatura de Piper Pimienta. Ese veredicto se confirma en el tiempo.
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