La piquiña del Guasón

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Giovanny Arcos, el payaso “Piquiña”, no quiso más ocultar ante la gente su derrota. No quiso andar más con careta de alegría y por dentro seguir llevando el alma rota. Afrontaba una crisis económica y las amenazas por parte de los usureros, acrecentando su angustia hasta llevarlo a saltar al vacío.

Es inaceptable que tan prematuramente decidiera abandonar este mundo, pues apenas tenía 28 años de edad. Diríamos que suicidarse haya sido paradójico porque lo conocimos como fiel emulador de Patch Adams, que acostumbraba ir a las clínicas a ayudar a los pacientes terminales a prolongar la vida a punta de risas.

Seguramente pensemos que Todd Phillips con el “Guasón” narraría su historia: un ser esencialmente bueno víctima de la injusticia social y los violentos. Giovanny Arcos prefirió que siempre los recordásemos dueño de su vida, que no le pertenecía a ningún “gota a gota”. “Piquiña” decidió su partida sin regreso, pues no olvidaba la masacre de sus émulos Giovanny Noreña “Nanán”, Jonatthan Montaño “Tatán” y Óscar Higuita “Pimpón”, ocurrida en 2013 en Terrón Colorado, cuando su carpa circense y sus narices rojas les disgustaron a sus asesinos.

La historia de Giovanny Arcos “Piquiña” se confunde con la de Manuel Jorge Olivares “Micky” y de Alberto Naya Sanmartín “Tuerquita”, aunque ellos murieron naturalmente, todos padecieron la extinción del circo y la falta de los aplausos de los niños que no los invitaron más a sus fiestas. Es la piquiña del Guasón, porque Giovanny y Jocker padecieron de la misma insensibilidad estatal, aunque uno en la ciudad salsera y el otro en la ciudad gótica.

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