La paz y el postconflicto

El anuncio  de un acuerdo o consenso sobre el tercer punto de la agenda anima, pero no aclara todo.

El cese al fuego unilateral, tampoco; a estas alturas del proceso se necesita un cese al fuego bilateral.

Al pactarse la paz con un grupo guerrillero, se espera una etapa de calma; pero si es sólo con una guerrilla y no con las otras, se requiere al menos otro proceso de paz. La paz imperfecta es una paz parcial.

La violencia urbana no se acabará porque la paz no se firma con organizaciones criminales con las cuales no se puede interlocutar.

De esta manera, la etapa del postconflicto no será idílica.

En las grandes ciudades seguirá aplicándose la Ley de seguridad ciudadana, que es insuficiente.

La violencia urbana tiene que ver con la delincuencia común dispersa, múltiples pandillas, bandas de delincuentes comunes atomizados, vendettas entre minicarteles, hurtos famélicos y de rebusque, y esto seguirá a causa de la prohibición de la producción de cocaína.

Los cincuenta años de duración de la guerra interna con las FARC están marcados por múltiples violencias.

Paralelamente, Colombia ha vivido varias infraguerras dentro de la guerra: la de los esmeralderos, la de los marimberos, la de los mafiosos de la coca, la paramilitar, la de la minería.

Esto aumenta el cuadro del orden y la violencia del que hablaba Daniel Pécaut, sin que aún se tomen decisiones de raíz como debatir con seriedad la legalización de las hierbas que matan, no por su naturaleza biológica sino por su prohibición, que les daña la calidad y acelera la búsqueda del enriquecimiento.

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