La semana pasada tuve dos encuentros que me llenaron de optimismo. El primero, precedido por los abrazos de rigor, fue con mis amigos los abogados Jorge Restrepo Potes y Leonardo César Tafur González. Ambos con documento en mano me dijeron que el arreglo entre la Fundación y la Sociedad Anónima Plaza de Toros de Cali, estaba a punto de ser concretado.
Posteriormente conversé largamente con Eduardo Estela, por quien siento una gran admiración. Con su hablar pausado me manifestó su deseo, a la manera de los grandes soñadores de antaño, de darle curso al arreglo y poner fin a una disputa de casi 10 años.
Eduardo Estela me comentó entre muchas otras cosas, que para el lunes siguiente, el consejo directivo plasmaría el acuerdo. Efectivamente así fue, quedando cristalizada la ilusión de todos los taurófilos, pero en especial recompensado con el éxito, el trabajo de Restrepo Potes y Tafur González. El futuro es promisorio. La oferta del Grupo Falabella de Chile de construir el mejor centro comercial de Latinoamérica en los parqueaderos de la Plaza de Toros será una realidad. Los caleños veremos por fin, que como sucede en las grandes ciudades, su íconos arquitectónicos pueden coexistir con edificios de moderna arquitectura.
¿Qué sigue ahora? Sencillamente que la paz taurina signifique que en primer lugar la temporada 2012-2013, convoque todos los esfuerzos publicitarios para llenar todas las tardes y responder de esa manera a todos aquellos que quieren darle sepultura a la tradición taurina. Pienso que Cali, en medio de la crisis, y de las alcaldadas de Bogotá y Medellín, terminará como en la cultura de la salsa, en la depositaria de esta herencia de nuestros antepasados. Tienen, pues, Eduardo Estela y Alfredo Domínguez la oportunidad de darnos una esplendorosa y seria temporada decembrina.
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