La paz difusa

La paz en este momento por la prolongación del proceso de La Habana se ve difusa, las rondas terminaron antes de la primera vuelta electoral, la dinámica de la campaña presidencial tomó los contenidos de la agenda de paz para cuestionar lo discutido y sus eventuales resultados.

Se ve difusa porque se volvió el objetivo de los dos candidatos y se expone a ataques abscónditos para pulverizarla; sumado esto a la falta de un cese al fuego bilateral en esta etapa final de las conversaciones para que las partes no se golpeen y lesionen, o terceros la saboteen. Pero la paz sigue siendo el anhelo de los colombianos.

El resultado de la primera vuelta electoral del 25 de mayo dejó a los colombianos en general en una especie de entrampamiento y dilema. Las encuestas demostraron que existe un sentimiento anti reeleccionista, pero también un deseo inmenso de alcanzar la paz.

El Presidente-candidato enarbola el proceso de paz como un punto vital de su campaña, y su contrincante ha dicho en repetidas ocasiones que desea acabar los diálogos (aunque ahora sugiera lo contrario).

Colombia necesita avanzar en su cultura política aun imperfecta por los vicios anclados del bipartidismo, por el clientelismo subsistente, por las nuevas formas que se han inventado las fracciones políticas bipartidistas transmutadas en “nuevos partidos” de fachada para capturar el Estado en estos 14 años del siglo XXI, y por la criminalidad que se interconecta con las clases políticas.

Colombia necesita la ampliación de la democracia, reformando la justicia, algunas instituciones que contienen la salud, la educación y los defectos subsistentes del sistema electoral.

Pero sin lograr la paz continuará defectuosa la vida democrática, porque la guerra interna y las otras violencias no dejan funcionar el derecho.

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