Miguel Yusty

La paz como negocio

Miguel Yusty

La guerra es un hecho político. Su terminación es una acuerdo sobre la política. La guerra es un negocio transnacional.

La venta de armas es una de las rentas más importantes del capital financiero internacional. La paz, por el contrario, es un derecho.

La paz como la guerra es un hecho político. La guerra se inventó para lograr la paz, así lo entendieron sus primeros teóricos, San Agustín y Santo Tomás, quienes dejaron hasta la fecha el concepto de “guerra justa” que, a pesar de los esfuerzos de la humanidad, siempre aparece como un recurso de tiranos.

La paz y el derecho a la vida son la base del derecho internacional humanitario. Lo que no sabíamos es que desde hace bastantes años, paralelo al conflicto, el sagrado derecho a la paz encontró una variedad de intermediarios que, disfrazados de apóstoles sin sotana, decidieron convertirla en un negocio. Se han refugiado en fundaciones, en centros de pensamiento y por supuesto en ONG que teorizan y venden como en botica sus pócimas al mejor postor, revestidas de lugares comunes, para llegar al anhelado deseo de vivir en paz.  El escándalo surgido por los miles de millones pagados por el santismo a los pazólogos para que hablen de lo que ya sabemos es un descubrimiento de cómo estos personajes, como el caso de León Valencia, a través de su Fundación Arco Iris, le han servido de ideólogos a varios gobiernos.

El escándalo radica en la cuantiosa inversión en la multiplicidad de contratos que para lograr la paz han lucrado a fundaciones que no han tomado distancia ante los gobiernos que lo han contratado. Estas intermediaciones hacen que los colombianos miremos al santismo como una secta más, con características mesiánicas.

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