Colombia va a presenciar una mezcla de oposición y protesta popular acompasada por la dinámica de los hechos.
En otras épocas la oposición ha sido violenta, como las ocho guerras civiles del siglo XIX; o los períodos de violencia crónica y encadenada del siglo XX desde 1946.
El pretexto al construir el Frente Nacional fue aplacar la violencia bipartidista. La connivencia frentenacionalista generó otras formas de violencia y no dejó desplegar la oposición parlamentaria.
Afloró la oposición extraparlamentaria, impulsada por las guerrillas, ante el cierre de los espacios políticos formales. Terceras fuerzas en la década del 60 trataron de jalonar la oposición, el MRL, la Anapo y el Frente Unido, camilista.
La primera se disolvió por el retorno del jefe al partido liberal; la segunda fue afectada por el fraude electoral de 1970; y la tercera por un error estratégico, el padre Camilo se inmoló en la lucha armada.
Durante el post-frente nacional (1974 / 1990), la oposición fue caótica sin reglamentación y se dio con chantajes desde la rama legislativa al presidente de turno, se disolvieron las ideologías de los dos partidos tradicionales y la violencia se practicó con la sicarización de los directorios políticos para eliminar al oponente.
La única excepción de oposición reglamentada se intentó durante el gobierno Barco Vargas (1986/1990), pero la costumbre de pedir, chantajear y volverse bloque de gobierno, alteró la propuesta del ministro Cepeda.
Para que una oposición en cualquier país sea fuerte, consistente y efectiva, es conveniente que esté unida, conglomerada bajo una guías, parámetros y liderazgos, los que corresponden a las fuerzas políticas que la componen.
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