Todo parece indicar que en su nuevo escenario las Farc- EP seguirán llamándose así, Farc- EP, pero que cambiará el significado de su sigla pasando de Fuerzas Armadas Revo-lucionarias de Colombia – Ejercito del Pueblo por Frente Amplio de Reconciliación de Colombia – Esperanza de Paz.
No soy enemiga de la paz, encuentro positivas las desmovilizaciones, pero me está resultando difícil olvidar y no creo en semejante transformación. Menos cuando sigo oyendo por cuenta de sus miembros desfachateces en torno a los bienes, a la reparación y la aceptación de sus delitos. Menos cuando los escucho avalando totalmente las acciones de Maduro y los devenires de la democracia en Venezuela.
La semana pasada se conocieron los nombres de los miembros de las Farc que integrarán las listas al Congreso. Por supuesto, figuran Iván Márquez, Pablo Catatumbo, Pastor Alape, Jesús Santrich y casi todos los del secretariado. ¿Según los acuerdos, no se supone que quienes hayan cometido delitos de lesa humanidad no podrán participar en política? Sí, pero ellos no fueron condenados. Durante décadas ordenaron secuestros, asesinatos, reclutamiento de menores, extorsiones y dirigieron un gran cartel de drogas, pero la justicia de nuestro país no profirió ninguna sentencia.
Por los acuerdos de La Habana las Farc tienen garantizadas sus curules en el Congreso, así que su participación en las elecciones del 2018 es solo para escoger quienes las ocuparán. Es un hecho que quienes por años fueron los mayores delincuentes de nuestro país ahora estarán en el Congreso orientando los rumbos del país. Me queda la esperanza que si Colombia pudo combatirlos con las armas ahora pueda hacerlo con las ideas. Los Congresistas de otras vertientes serán los nuevos soldados, ¿tendrán el temple y la valentía?
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