El próximo domingo y en el hecho más importante de la danza popular, harán presencia en el Super Bowl los 26 bailarines que componen la escuadra titular de Swing Latino. Será la culminación de un proceso artístico que va a dividir en dos la historia del baile popular.
Yo, que conozco desde sus inicios a mi amigo El Mulato, celebro con júbilo que esté presente en el evento que convoca a la más grande audiencia televisiva del mundo. La presencia de Luis Eduardo Hernández y su escuela, es el reconocimiento no a un bailarín, sino a un gran coreógrafo, que penetró las lógicas rítmicas de la danza clásica moderna, desarrollando una estética propia, ligada a los presupuestos coreográficos de los grandes maestros norteamericanos.
Nunca antes la salsa, bailada por un grupo diferente a los cubanos, los puertorriqueños y los latinos de New York había llegado tan alto.
La magia de El Mulato como coreógrafo es haber construido una fusión entre el bailao caleño, la salsa en línea y el haber respondido artísticamente a los compases del Jazz, el hip hop y toda esa estética que los conservatorios neoyorquinos han impuesto en el mundo entero. Un muchacho nacido en las calles peligrosas de Cali, tiene deslumbrada a Jennifer López, a quien ha acompañado en sus giras y que hoy parece una bailarina más embrujada por el encanto del Mulato y su Swing Latino.
Sería una gran apuesta que entre la Alcaldía y la Gobernación del Valle se le diera curso a la “Ruta de El Mulato” como un gran proyecto para cientos de escuelas de baile, que se podría ejecutar a lo largo y ancho de Cali y el departamento.
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