La movilidad es uno de los temas prioritarios de los caleños. La extensión del pico y placa y el cobro por congestión son medidas que la administración ha tomado recientemente, que más allá de ser impopulares no parecen apalear de manera significativa el problema.
La realidad de Cali es que la congestión tiene puntos y horas críticas, concentrada en sitios en los que la infraestructura no se ha ajustado a los cambios en los usos del suelo y a la densidad poblacional.
La ciudad tiene un problema estructural para el que cualquier medida resulta un paliativo y que de manera sistemática las administraciones han afrontado con acciones puntuales de corto plazo y no con planeación urbana. Claro, podemos argumentar que el retraso es tan grande que superarlo sobrepasa las posibilidades de cualquier alcalde. Eso exige que se diseñe un plan de movilidad.
Mucho pedir en una ciudad que nunca ha tenido la cultura de la planeación y que va al vaivén de los plancitos cuatrienales de los mandatarios, lo que hace de ella una colcha de retazos.
Si no podemos planear, al menos implementemos soluciones inmediatas más ambiciosas. ¿Qué pasa con el plan de modernización de los semáforos? Una buena operación en vías y cruces claves agilizaría el tráfico. Si también es mucho pedir, ¿no será posible ver a los agentes de tránsito en las calles? Es el colmo que tengan que trabajar como “asistentes” de semáforo, pero cuando lo hacían las horas pico fluían mejor.
Ampliaron el pico y placa y ellos ahora brillan por su ausencia. Restricción y coordinación sería una dupla más efectiva. Guardas a la calle, pero no a cazar infractores sino a liderar la movilidad.
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