La mordida propinada por Suárez

La mordida que el  uruguayo Luis Suárez propinó sobre el hombro izquierdo del defensa italiano Giorgio Chiellini, es tan reprochable como la  que Adán cometió sobre la manzana y que le costó la expulsión del paraíso.

Como la mordida del escolar sobre su compañero y que es tomada como  bullyn  so  pena  gravísima de suspensión.  Como la mordida  del funcionario público sobre el presupuesto y que le merece la dejación del cargo.

Y, por qué no, la mordida cometida por Suárez se asemeja  a  la  del rabioso canino callejero que luego es sometido a una prueba sanitaria zootecnista  para salvarle la vida a su víctima.

Al momento de escribir esta columna la opinión mundial esperaba expectante que la Fifa expulsara del Campeonato Mundial a Luis Suárez debido a su peligrosa  tendencia  antropófaga.

En las historias de los mundiales se habían  cometido jugadas malintencionadas, codazos hombro a hombro,  puntillazos a guayo limpio y hasta actos irreverentes de palparle las partes nobles a un contendor. Pero jamás mordidas por la espalda, al más ruin estilo chandoso.

Lo que la opinión mundial no se explica es por qué el árbitro mexicano Marco Rodríguez, que antes le había mostrado tarjeta roja al volante italiano Claudio Marchisio, ni se inmutó tras la mordida cometida por el charrúa.

Esto obliga a que la Fifa trace medidas preventivas que eviten en los mundiales la infiltración de individuos con antecedentes peligrosos, como el caso de Suárez, quien en dos oportunidades en las canchas europeas ya había cometido tal conducta que evidencia una enfermiza fijación oral producto de una infancia hostil violenta e insatisfecha.

Hay que garantizar que  a los estadios sólo vayan deportistas profesionales dispuestos a ofrecerle al público el mejor espectáculo del mundo.

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