Tropicana fue leyenda en los años 50 en Cuba pero se hizo mítica a través de la literatura, de la inspiración de Guillermo Cabrera Infante, en la novela Tres Tristes Tigres, en el capítulo inicial, donde se cuenta ese universo fabuloso del show del llamado cabaret más conocido del mundo. La Habana fue un sueño, construido por una burguesía supermillonaria y posteriormente consolidada por los negocios de la mafia americana, del insólito Meyer Lansky, rey de los nuevos hoteles y casinos.
¡El trópico en Tropicana!, escribía mi maestro Guillermo Cabrera Infante, donde el anunciador saluda a los representantes de las empresas americanas y después a los personajes de la burguesía local. Para ustedes, nuestro primer show de la noche, arriba el telón. Ahí estuvo Bebo Valdés como director de la orquesta, Celia Cruz, Nat King Cole, Harry Belafonte, bailarinas de París, de Brasil, y las mulatas cubanas.
A ese lugar mítico regresé hace poco, después de haberlo conocido en 1994, cuando tuve un romance con una bailarina, con la cual rematamos en otro lugar bailando a Van Van. Tropicana tiene tres espacios, con valores de 90, 85 y 75 dólares. Es abierto, la orquesta está montada sobre los árboles, las bailarinas caen de las ramas, y es un lugar mágico.
Sin embargo, ese show único, casi que incomparable, ya no lo es. Es casi soso, con algunos momentos brillantes, donde se combina el arte de la coreografía, de los cantantes y los músicos. El momento más emocionante cuando una cantante negra, imitando a Celia Cruz (la gran vetada del régimen), canta Quimbara. No lo mencionan, pero Celia Cruz está en todas partes.
Hoy en día, los mejores bailarines son los de Cali. Un show como el de Swing Latino que recorre el mundo deja por el piso a Tropicana, una bailarina como Eliana o la magnífica Milady se convertirían en las diosas de ese lugar.
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