La misa ha terminado

Este 1 de febrero, como el disidente que siempre ha sido, Gardeazábal paralelamente a los protocolos del Hay Festival presentará en Cartagena La misa ha terminado, su última novela.

A partir de este día, la iglesia católica deberá erigirle una escultura enorme y no la hoguera, como rogarían las legiones marianas, los guardianes del Santo Sepulcro, los pregoneros del pecado y la confesión, y el Vaticano, quienes agradecerán la audacia de haberles descrito la tragedia del celibato, el pecado y la flagelación.

Gardeazábal, con esta novela nos demuestra que su escritura es un ejercicio único en la narrativa colombiana. No es hija de los amaneramientos franceses, mucho menos ha sido pasajera del boom latinoamericano de la década de los 60 y 70.

Es sobreviviente del cataclismo del realismo mágico, es lo contrario a las catequizaciones cultistas, de Carlos Fuentes y Vargas Llosa, y mucho menos ha sido una copia del universo maravilloso de Borges y Cortázar.

Gardeazábal, como los grandes escritores, ha universalizado a Tuluá, a la manera de Faulkner y Joice, para describir sus miserias y grandezas de la condición humana.

Utilizando una sencilla simetría nos cuenta a través de cuatro personajes. Rogelio y Martín, dos curas siniestros y maricones que se parecen a todos los que han ejercido la pedofilia y el homosexualismo como la dinámica para manipular el poder.

El tercer personaje es Casimiro Rangel, quien llega a cardenal y que a la manera de los emperadores romanos se suicida en la profundidad silenciosa de un hotel, mientras espera la llegada de su amante, y el último, el Demente, quien es la piedra angular de la historia.

Utiliza como recurso de la arquitectura narrativa, seis cartas que le dirige el presbítero Efraín rogándole que no publique esa novela hereje y una respuesta final donde el escritor remata diciéndole que no pierda su tiempo en redimir al último de los dinosaurios.

La decadencia de los preceptos de la fe católica forman parte de las premisas que iluminan a Gardeazábal para en el transcurso del relato elaborar una serie de confesiones que podrían ser editadas por separado, pues marcan la ruta de una tarea que bajo la impronta del Papa Francisco, (cardenal Viazzo en la novela), permitirá una purga orgiástica de todos los curas, cardenales y obispos que han bailado bajo los acordes del aflautamiento.

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