Ahora que estamos viendo a políticos tradicionales fungiendo de izquierdistas y, actuando—según ellos—en bien de la patria, como moscas detrás de la miel, se sorprende uno al pensar si eso es verdad o los mueve solamente lo que el país sabe: la famosa “mermelada”, en la que están inmersas embajadas, consulados, ministerios, contratos millonarios, etc.
Muchos quisiéramos que esa adhesión al nuevo gobierno se esté realizando de corazón, de cara al pueblo colombiano, como una manera de salir del marasmo en que ellos mismos, a través de nuestra historia, nos embarcaron, llevando al país a una ineludible realidad: inequidad social, sobre todo con los estratos populares, con el campesinado, ese que ha preferido abandonar el campo para irse a las grandes ciudades a invadir montañas y terrenos estériles, cerca de caños de aguas residuales.
Está bien que se estén comprometiendo con un gobierno nuevo, ideológicamente distinto por primera vez, para apoyar proyectos necesarios y buenos pero, desechar otros que pueden causar mucho daño.
Que tal unos cuantos “señores” del partido conservador, por ejemplo, encabezados por el inexcusable Efraín “Fincho” Cepeda, político costeño, inexplicablemente reelegido senador varias veces, creo que a punto de jubilarse, del que no se conocen ni prospectivas ni perspectivas que hayan beneficiado a sus compatriotas.
Algo similar se puede comentar de César Gaviria Trujillo, quién de manera extraña viajó a Florencia (Italia) a reunirse durante cinco horas con el recién elegido mandatario colombiano, el que se encontraba en esos lares disfrutando vacaciones con su familia antes de posesionarse.
¿Buscaba consensos con Petro cuando casi todo el partido liberal, sin su permiso, ya estaban con don Gustavo o, era tan grande su preocupación por sus conciudadanos, para realizar semejante viaje vacacional? Y en esas mismas circunstancias están otros partidos, movimientos o grupos, entregados al inefable Roy Barreras, a quién ya denominan el “Diosdado Cabello colombiano” al que, a propósito, no le asistieron la semana anterior a un foro del “pacto patriótico”, los senadores Alexander López, Gustavo Bolívar, Francia Márquez y María José Pizarro, hija de Carlos Pizarro Leongómez.
Vale la pena recordar a ese grande de la historia mundial, Abraham Lincoln, cuando se dedicó a combatir la mentira política: “Es posible engañar a unos pocos todo el tiempo. Es posible engañar a todos un tiempo. Pero no es posible engañar a todos todo el tiempo.”
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