La marcha

Rodrigo Fernández Chois

El sábado desperté con un fuerte resfriado, sin embargo, consecuente con mi posición crítica con respecto a la realidad nacional, me dispuse a marchar vestido con mi camiseta de la Selección Colombia.   Llegué pasadas las diez al Parque de las Banderas, lugar de donde partiría la protesta y fue impresionante ver la cantidad de gente que ya estaba allí reunida, y más aún, advertir las multitudes que se iban sumando. Observé individuos de todas las edades, condiciones y credos; todos con un propósito común: expresar su insatisfacción con el actual presidente.  

Empecé a caminar hacia el norte por la Calle Quinta con destino la Plazoleta de San Francisco. No sabía a ciencia cierta la magnitud de la aglomeración hasta que, gracias a una elevación vial, puede constatar que me encontraba en medio de un gran rio humano que se perdía de vista tanto hacia adelante como atrás. Mientras, podía oír como varios conductores que transitaban en sentido contrario por la vía paralela pitaban y pronunciaban palabras de complacencia y apoyo para todos los marchantes.

En esas estaba, absorto contemplándolo todo, cuando alguien me puso la mano en el hombro y me saludó: “Rodrigo, leí tu columna sobre las razones para marchar, pero te faltó la más importante: la situación económica que vivimos y la reforma tributaria que nos obliga a pagar ríos de mermelada a quienes no tenemos por qué”.

Le sonreí. Era cierto ¡¿cómo se me pasó tamaña razón?! Si hay algo que está por encima de ideologías, credos o cualquier diferencia humana es la economía y el bolsillo. Sin duda, otra motivo para que la marcha  fuese multitudinaria.

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