Umberto-Valverde

La Lupe en teatro

Hace muchos años no iba a ver teatro experimental. Por décadas acompañé todo el proceso del teatro caleño desde el viejo TEC hasta que me cansé de esa mentira llamada “creación colectiva” y no volví a una sala. Volví el viernes pasado a la Casa de Títeres, donde se presentaba La Gran Tirana, protagonizada por Diana Isabel González, porque el tema de la obra, la vida de la Lupe, me llamó la atención. Poco público, unas 30 personas.

La obra tiene como punto de partida un texto de Carlos Padrón Montoya, titulado “La gran Tirana, memorias de la Lupe”. De entrada, la adaptación que vi me deja muchas dudas, no conozco el texto original y me da la impresión que se queda corto, que desconocen la importancia de ciertas personas en la vida de la Lupe, para citar uno, Tito Puente.

Diana Isabel González, una joven actriz de Bellas Artes, afronta un monólogo con decisión, capacidad interpretativa y versatilidad. Es más, sin ser cantante, canta. Lo hace bien. Los espectadores sentimos la fuerza de su expresión. También considero que el tema elegido para cerrar no es el más oportuno. Es una obra “en proceso”. El director contó que hicieron una primera versión y ahora mostraban una segunda. Creo que tienen material para hacer una obra más extensa y más espectacular. Los cuatro músicos acompañantes sobran, no suman. Igual hubiera sido con pista. O simplemente a capela. Cuando uno incluye músicos es para hacer una diferencia. La obra pudiera ganar con más sentido musical. Sin embargo, quisiera valorar que no sufrí los cincuenta minutos de la obra, la pasé bien, y sentí que Diana Isabel González tiene un enorme talento. No es fácil interpretar a semejante mujer y cantante como fue La Lupe, quien conoció la fama y bajó al infierno. Murió muy joven, a los 53 años. Una voz única, llegó a ser considerada la mejor en Nueva York, antes de llegar Celia Cruz. Nada tuvo que ver el ascenso de la Reina Rumba con la caída de La Lupe. Ni siquiera en la decisión de Tito Puente al no trabajar más con ella. Fue su vida, la droga y la santería. De otras maneras, la grandeza es indiscutible.

Estos son los temas que el teatro caleño debiera trabajar. Por lo menos, quien esto escribe, testigo de las grandes épocas del teatro colombiano, retirado de las salas, me entusiasmé para ver “La Gran Tirana”.

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