Hugo E. Gamboa Cabrera

La Institucionalidad sin dolientes

Hugo E. Gamboa Cabrera

En su columna del 14 del mes en curso, la conocida periodista María Isabel Rueda, reflexionaba sobre las posibilidades presidenciales de Gustavo Petro, gracias a las gabelas que le brindan políticos, Cortes, órganos de control y periodistas “engrasados”. Lo cierto es que el común denominador ha sido la corrupción galopante que carcome al Estado y que hiede tanto, que duele en lo más profundo del alma.

El pueblo colombiano vive atónito. No olvida nuestra historia, esa en la que Turbay Ayala autorizó la “corrupción en sus justas proporciones”; tampoco aquella cuando López Michelsen acabó con el ferrocarril porque “ese transporte era caduco”. Ni hablar de las pensiones en el ISS cuando a Virgilio Barco se le ocurrió utilizar sus fondos para no se sabe qué, dejando a los jubilados como el ternero y la torpe decisión de César Gaviria al autorizar una apertura económica que acabó con el campo colombiano y con muchas empresas que no pudieron competir con productos gringos y chinos, dejando a mucha gente sin empleo. Este último sobrevive y funge como jefe político. Increíble. Estos fueron los precursores de muchos males de hoy.

Y rematamos con una Corte Suprema al parecer dedicada a cobrar por archivar expedientes y otras Cortes por fallar inexplicablemente en contra de gobiernos a los que consideran enemigos de sus jefes políticos. Esas cosas son las que le convienen a Petro. Ya lo dijo: “Cuando sea presidente, convocaré al país con una sola pregunta: ¿Están de acuerdo con una asamblea constituyente?”. ¿Será de corte estalinista, maoísta o castrista? Me atrevo a decir que las tres juntas.

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