De todas las vulgaridades con que Santos Calderón y sus miserables pelanduscas pretenden burlar nuestra Constitución Política, nuestra decencia como nación, nuestra moral como ciudadanos y nuestra institucionalidad para otorgar total impunidad a esos degenerados cabecillas de las farc, la más desalmada e imperdonable tiene que ver con el secuestro, reclutamiento forzado, explotación criminal, abuso sexual e inducción al aborto a que de manera sistemática parece fueron sometidas cientos de menores de edad por parte de esos criminales vejestorios comunistas.
De manera tan macabra como efectiva y simplista, ese Santos Calderón y sus cómplices en esferas del poder público y mediático han tildado de polarización el hecho que un importante número de colombianos no queramos ser como ellos, alcahuetes y encubridores de semejantes depravaciones.
Señores Santos, De la Calle, Naranjo, y demás infames, entiendan que una cosa es estar en orillas opuestas con respecto a ideologías, a creencias, a modelos económicos, así como con respecto al diseño, implementación y aplicación de las leyes, y otra cosa muy diferente es redactar un execrable acuerdo, votar a favor de esa aberración y desconocer la voluntad del constituyente primario para de manera ilegal promulgar e intentar implementar leyes que permitan a unos malnacidos pedófilos quedar exentos de toda culpa y seguir en sus andanzas… Este tipo de concesiones no polarizan sino que aterran e indignan a los ciudadanos de bien por cuanto nadie medianamente honorable va a permitirlo.
No es que estemos polarizados, “juampa”, lo que sucede es que como nación el 99.98% de los ciudadanos no seremos los alcahuetes ni los chulos de esos depravados, así de sencillo, ¡¿entendés?!
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