Que el fiscal Montalegre no investigue y haya olvidado sus funciones es casi una rutina. Que la investigación a Saludcoop siga engavetada, porque el litigante Montealegre no ha renunciado a sus intereses como abogado de esta empresa, es una resignación.
Que finalmente haya convertido la Fiscalía en una agencia de medios para opinar y perseguir mediáticamente a los enemigos del santismo es una verdad de a puño. Pero que de la noche a la mañana y siguiendo el ritmo del fracaso del sistema penal acusatorio en nuestro país, nos salga con la perla que con los violadores de niños hay que negociar la pena, es una infamia.
La violación y la tortura forman parte de los 15 que tipifican el delito de lesa humanidad. En el primer mundo, de donde copiamos mal el sistema penal acusatorio, el violador es un paria y se le trata como el portador de una enfermedad infecto contagiosa, asilándolo de la sociedad mediante restricciones y sanciones sociales.
En qué cabeza cabe que una familia víctima de una violación vaya a aceptar un arreglo, con el que violó su niña o su niño. Conozco la historia de alguien en Miami que por la sola sospecha fue apresado. Este ejemplo demuestra como la violación, sin siquiera haber existido la flagrancia, es duramente castigada y no da lugar a ningún tipo de negociación.
Es apenas obvio que la opinión pública haya exclamado asombrada por la audacia del Fiscal, que cuando no está dedicado a develar complots contra el proceso de paz, se dedica, en su afán de aplicar la impunidad a los jefes terroristas de las Farc, a liderar en el mal llamado “postconflicto” un frente popular bajo la égida del santismo.
Comments
Fin de los artículos
No hay más artículos para cargar

