Carmiña Navia Velasco

La guerra de los relatos

Carmiña Navia Velasco

La escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie señala “el peligro de la historia única” al referirse a las luchas en su país.

Cuando hablamos en Colombia de la diversidad étnica y cultural que nos constituye, me pregunto yo: ¿de qué exactamente estamos hablando? ¿Puede un único relato explicar la complejidad de nuestra historia y de nuestros procesos? ¿Nuestras confrontaciones, violencias y acuerdos? Lo considero además de imposible, arbitrario e injusto con todas las voces que serían silenciadas.

Me he pasado la vida luchando porque la historia occidental ha sido narrada desde los varones silenciando las voces, aportes y procesos de las mujeres.

He peleado para que se reconozca el otro lado de la historia: toda la vida, procesos y aportes que han impulsado y vivido las mujeres… He trabajado para que en la “República de las letras”, se incluya la literatura escrita por mujeres.

Ahora me encuentro con que en Colombia quieren borrar muchas huellas que constituyen nuestro complejo y rico caminar como sociedad, nuestras contradicciones, nuestras guerras y nuestros acuerdos de paz… es decir nuestros verdaderos caminos.

¿a qué conduce esto? Y otra vez me pregunto ¿de qué tienen miedo? No creo que la odiocracia se propague por el mundo porque sí… detrás hay miedos ocultos y profundos de los que Freud se ocuparía mucho.

El Museo Nacional, La Biblioteca Nacional y todas las instituciones que pretendan conservar nuestro patrimonio son responsables de guardar, mantener y exponer la memoria total, íntegra y abarcadora… de lo que nos ha conformado como pueblo, de lo que hemos caminado a lo largo de siglos.

De lo que le guste e identifique a unos y a otros.

Y eso incluye: La memoria, la voz y la expresión de las diversas razas, la memoria de las mujeres, la memoria de la población LGTBQ, la memoria de las distintas ideologías y gestas políticas… ¿A qué responde la necesidad de ocultar, desconocer y borrar cualquiera de estas expresiones? La realidad de lo que ha sido, de lo que ha existido, no se puede cambiar.

No hay poder humano que oculte o destruya la memoria de un pueblo porque esta se conservará en los genes mismos de la nación.

Planteo lo que he planteado otras veces: Los relatos varios, las voces y experiencias distintas… no niegan nada, por el contrario enriquecen un panorama que se vislumbra como inmensamente rico.

Mantener diferentes “relatos” no niega ninguno, entonces ¿a qué le temen? (Pongo sólo un ejemplo: ¿A quién hace daño el testimonio histórico de los caminos de las mujeres para obtener el voto en Colombia? ¿A qué le temen? ¿Qué odian de ello?).

Los relatos únicos son propios de las dictaduras… por eso la Rusia soviética retocaba las fotografías para negar a quien no seguía sus mandatos… y sin embargo esas fotografías originales rompieron todos los muros visibles e invisibles y fueron conocidas por el mundo: la realidad no se puede negar, es como la tos, inocultable.

Tratar de invisibilizar las narrativas que no se comparten o no se aprueban no es otra cosa que sutil o directa violencia simbólica¸ una de las peores violencias que se pueden ejercer.

Es lamentable el intento del gobierno de ocultar y negar parte de los relatos que constituyen nuestro caminar como sociedad, nuestros nortes, nuestros logros… nuestros enfrentamientos y debates.

Eso somos y no lo que se le ocurre a quienes consideran que guardar memorias es hacer apologías.

La memoria no es apología ni supone necesariamente aprobación, es registro de lo que ocurrió. Y lo que ocurrió ES.

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