Nunca antes hemos vivido un Mundial con estas características. La razón principal es por la cercanía con Brasil, el país organizador, además de ser la tierra del fútbol.
Por supuesto, el mundo globalizado se ha centrado todo en este evento. Las cadenas de televisión de Colombia encontraron la razón para instalarse allá. Sin embargo, no lo han aprovechado.
A pesar de realizar trasmisiones desde las seis de la mañana no han sido capaces de entrevistar a personajes importantes de la cultura brasileña, ni escritores, ni músicos, ni directores de cine. Tampoco con sus pares, los periodistas brasileños.
Lamentablemente nuestras alianzas son con los argentinos, mediocres y atrasados.
La actuación magnífica de Colombia que ha mejorado todas las estadísticas establecidas por una generación brillante ha desatado una fiebre nacionalista asombrosa.
En primer lugar, es sorprendente que hayan viajado tantos colombianos a Brasil. Eso demuestra un poder económico de las clases medias. Cincuenta mil colombianos, como mínimo, que están en las diferentes sedes y se concentrarán el sábado en Río de Janeiro.
Por otro lado, el fervor de los colombianos ha sobrepasado todo el entusiasmo de la época de la Selección de Maturana.
Sin duda, Maturana dividía el país, especialmente entre Cali y Medellín, en cambio Pékerman fue la gran solución, identificó a todas las regiones y se distanció de los periodistas deportivos que presuntamente manejaban el mundo interno de la Selección.
Por otro lado, la mayoría de los jugadores representan o juegan en el extranjero, entonces esa identidad regional se ha perdido, ellos juegan para la liga de Portugal, España, Italia y Francia.
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