La fe es la certeza de lo que se espera

Iniciamos el año como un nuevo capítulo y cerramos el pasado para no volver más sobre él. Atrás queda la festividad de la Natividad, la locura consumista y el afán de la Noche Vieja…y en mi hogar una reflexión: \”Papá, ¿verdad que el Niño Dios no existe? -preguntaron en coro Ava e Ilse, mis dos hijas- Una amiga nos dijo que son ustedes los que nos traen los regalos y no el Niño Dios\”. Miré a mi esposa y me susurró al oído que a Julanita, su compañerita de colegio, los papás le habían revelado \”la verdad\”. \”¿¡Pero qué necesidad tenían de hacer eso!?\”, cuestioné inmediatamente. Volví a mirar a mis hijas quienes aguardaban impacientes una respuesta. \”Niñas, el asunto es creer o no.\”, y sentándolas a mi lado continué: \”Si ustedes creen firmemente y sin dudar que es el Niño Dios el que trae los regalos que aparecen al borde de sus camas, Él los seguirá trayendo año tras año. Pero si lo dudan -y las miré con un gesto de vacilación- Él ya nunca más los volverá a traer. Desafortunadamente eso les pasa a los niños que no creen. Y entonces son sus papás los que les dan los regalos\”.

Mis chiquillas se acostaron contentas después de oír mi explicación, pero yo quedé dando vueltas al asunto toda la noche. ¿Y si nuestra fe o falta de ella trasciende a los meros regalos? ¿Y si el asunto de creer trata precisamente sobre el Camino, la Verdad y la Vida? ¿Será que así como el niño que cree obtiene su regalo, el hombre que cree conoce el Camino, la Verdad y la Vida?
A mis pacientes lectores intelectuales dejo aquí una reflexión para comienzo de año; no mía por cierto, pero sí de un viejo reverendo: \”Para aquellos que creen en Dios ninguna explicación es necesaria; para quienes no creen en Dios, ninguna explicación es posible\”.

 

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