No estoy enterado si la encuesta contratada por Metrocali interrogó sobre: el hacinamiento de los pasajeros, la irregularidad de los despachos, los desesperos de los usuarios, el deterioro de las estaciones, la repetición de la accidentalidad y de los incendios, la deficiencia de los sitios para las recargas de tarjetas y la falta de supervisión en el cumplimiento de los alimentadores en los barrios.
Que el 63,6% de los encuestados hayan respondido que están satisfechos con el funcionamiento del Mio, evidencia que para diagnosticar la movilidad en una ciudad con cerca de tres millones de habitantes, es insuficiente una muestra tomada a 403 personas, porque la realidad puede desvirtuar los indicadores.
Además, la valoración resulta defectuosa cuando se estiman por igual las respuestas en los estratos 1 y 2 con las de los estratos 5 y 6, porque son diferentes los sentires que expresen en los sectores populares, que obligatoriamente deben viajar en el masivo, que las opiniones de quienes ven con buenos ojos que ahora sí puedan guiar plácidamente sus carros particulares por unas calles vacías.
Si el Estado propició el monopolio en la prestación de un servicio público, igualmente deberá exigirle a los operadores que hagan rendición de cuentas. Recuerdo que las empresas cuyos buses se chatarrizaron, fueron boyantes a pesar de funcionar con más de 50 empresas competidoras y que cada 3 minutos hacían despachos sin predecir cuantas usuarios montarían.
Hoy, los pocos operadores, que no tienen competidores y movilizan con sobrecupo, se quejan de la bancarrota. Una encuesta resultará objetiva cuando en cada estación los usuarios puedan tocar los botones, verde, amarillo o rojo, que califiquen el servicio.
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