La economía y el autocuidado

Rosa María Agudelo

Llevamos tres semanas de nuevos confinamientos. La paradoja es que el coronavirus no se frena, pero la economía se desploma. El panorama de nuestras ciudades no puede ser más desalentador: negocios cerrados, locales vacíos, calles desoladas, cientos de personas pidiendo ayuda en las calles, “trabajando” en los semáforos, pequeños empresarios protestando.

No quisiera estar en los zapatos de ningún mandatario. Además de lidiar con la creciente desesperación de la recesión, administran un sistema de salud colapsado y sin recursos. Lo cierto es que esta segunda ola coincide con la actitud relajada con la que se vivió el fin de año. Colombia demostró durante todo el segundo semestre que es posible trabajar con bioseguridad. La gran lección es que la elección no es entre trabajo y salud, la disyuntiva está entre socialización y salud.

Con teletrabajo, educación en casa, niños y ancianos con menor movilidad, el aparato productivo del país pudo operar e incluso algunos indicadores económicos mejoraron al final del 2020. Sí, somos sociables por naturaleza, pero de aburrimiento nadie se muere, de coronavirus y de hambre sí. Las nuevas directrices del Gobierno Nacional trasladan a los ciudadanos la responsabilidad de la expansión del coronavirus. En ese sentido, cada vez debemos esperar menos que se nos prohíban ciertas actividades.

Sencillamente porque a estas alturas de la pandemia se espera que tengamos la suficiente madurez para dejar de hacerlas por la conciencia que se supone tenemos de la enfermedad. La vacuna no está cerca, no hay cronogramas. Así que es hora de que pongamos en la balanza de prioridades la salud y la economía. Ya llegarán los tiempos de la socialización.

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