La demencia senil de García Márquez

La demencia senil que padece Gabriel García Márquez nos demuestra que la vida trata de manera desigual a los seres humanos. Pablo Neruda, con el corazón adolorido, causado por el destino de su patria víctima de Augusto Pinochet, en sus días finales escribió versos contra los tiranos.

Jorge Luis Borges, quedó ciego, pero asistido por su secretaria aguardó la muerte platicando en su biblioteca entre los laberintos de la literatura. Ernesto Sábato, que logró vivir un siglo con salud plena, hasta la víspera de su partida concedió entrevistas, publicó ensayos y defendió los derechos humanos. A Carlos Fuentes se le apagó la vida inesperadamente, pero en plena actividad intelectual, como columnista, conferencista y novelista. Si él no hubiese fallecido dos meses antes de confirmarse la demencia senil de García Márquez, habría sido mucha su tristeza; \”Gabito\” y Fuentes profesaron una amistad de medio siglo, celebrando los triunfos literarios. Recordemos su encuentro de hace cinco años cuando la Real Academia Española de la Lengua homenajeó a García Márquez. En cambio es inmerecida la mala suerte que le tocó a García Márquez; en carne propia ahora padece de la peste del olvido, la que afectó a los fundadores de Macondo.

Pero aunque pierda la memoria, esta seguirá inmortal entre sus columnas, ensayos y narraciones. Si Gabo escribía para que lo quisieran más sus amigos; seguiremos fieles a él, sin importar que nos dejara a la espera de la segunda parte de sus memorias. Releamos su magna obra que está impregnada de inspiración: autobiográfica, realista y mágica.

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