El 2016 es un año especial, tras 10 años de bonanza minero-energética (2004-2014) donde este sector representó hasta el 8% de toda la producción nacional (PIB) y responsable del 70% de las exportaciones, aportando $20 de cada $100 pesos de los impuestos nacionales.
Termina hoy dicha bonanza con la inflación más alta de los últimos 10 años: 6,8% y un hueco en las finanzas públicas de más del 18% de los ingresos.
Al ir a la tienda del barrio y comparar el precio de la leche de hace un año con el de hoy vemos que la inflación real es muy superior al 7%. El incremento del salario mínimo es literalmente “minimo”, no alcanza a cubrir el aumento del costo del pasaje del MIO que autorizó la Alcaldía de Cali el año pasado. La devaluación del peso ha generado un dólar costoso que rompió hace mucho la barrera de los $3000.
El Gobierno Nacional busca tapar el hueco para mantener el gasto vendiendo la rentable Isagen valorada en pesos para beneficiar a los compradores, realmente al único comprador, ya que fue una subasta de un oferente.
Adicional a ello aumenta el IVA del 16% al 19% y propone una nueva reforma tributaria; recuerdo hoy las críticas que llovieron sobre Antanas Mockus al decir en un debate presidencial con Santos que él subiría los impuestos, mientras el actual presidente juraba que él no los subiría, pareciera que mentir es rentable políticamente. Estamos ante un panorama que demanda valentía y honestidad para superar la crisis de año nuevo.
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